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¿De qué te arrepientes?

¿DE QUÉ TE ARREPIENTES?

 Antes o después, todos a lo largo de nuestra vida sentimos el extraño pero cargante sentimiento del ARREPENTIMIENTO en su estado más profundo. Según investigaciones al respecto, los principales tipos de remordimientos quedan del siguiente modo: el 42% referido a la formación que se ha seguido para obtener un puesto de trabajo; el 20% referido a parejas que se han dejado escapar; el 23% referido a remordimientos sobre relaciones que se empezaron que, prontamente se resienten y se cree que podrían haber funcionado mejor. Y, el 15% son remordimientos referidos al carácter (“debería ser menos vago”, “tendría que ser más fuerte”, etc.).  Sin embargo, en palabras de Ciccotti, a veces, el arrepentimiento puede ser útil. Cuando el remordimiento está fundado puede servir para empujarnos a tomar la decisión correcta. El arrepentimiento permite evitar llegar a una situación negativa ulterior. Nos ayuda a anticipar las dificultades con las que corremos el riesgo de toparnos si no conseguimos aprender de las experiencias pasadas.  Pero, a veces, el arrepentimiento es tan profundo que puede limitarnos. Ciccotti interpreta este gesto como “una manera de intentar controlar el hecho consumado, aunque sepamos que hacerlo es imposible”. En la jerga de la psicología, las frases del estilo “ah, si tan solo…” son pilares del pensamiento llamado “contrafactual negativo”. Una vez que hemos tomado consciencia de este comportamiento es posible remediarlo, sustituyéndolo, como sugiere Ciccoti, por el “contrafactual positivo”, que significa poner la atención sobre los hechos reales positivos, con frases como “qué bien que…”. En palabras de Maillard, ésta es una táctica de comportamiento que requiere de una gimnasia para devenir automática, pero que a largo plazo permite reemplazar el arrepentimiento por sentimientos más fructíferos.