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¿Ofende quien quiere, o quien puede?

¿OFENDE QUIEN QUIERE, O QUIEN PUEDE?

En palabras de Bach, “ofender” es un verbo cuya acción recae sobre el propio sujeto que la ejecuta. Según esto, la otra persona no puede ofendernos, sino que somos nosotros mismos quienes nos ofendemos cuando en lugar, de rechazar una ofensa la aceptamos y permitimos que haga mella en nosotros. Para que el efecto sea realmente ofensivo precisa de nuestra colaboración. Nuestros cerebros son permeables a lo que ocurre en el exterior, por ello, nuestras emociones se sincronizan de modo espontáneo con los de las otras personas. El simple hecho de presenciar en el rostro de otra persona una “mueca” de desaprobación, desencadena de modo reflejo la misma emoción de desaprobación ante nosotros mismos y la reproduce en nuestro interior, mermando nuestra autoestima. Se trata del Contagio Emocional, provocado por las Neuronas Espejo.  Este “Contagio” nos hace sensibles y vulnerables a las emociones caprichosas de los Otros. Desde un punto de vista biológico,  es difícil evitar un impacto inicial negativo y, por tanto, sentirnos ofendidos por algo que nos llega de fuera. Sin embargo, en palabras de Goleman (Inteligencia Social), nuestra Corteza Orbifrontal permite a nuestro cerebro desarrollar estrategias para evaluar, filtrar y modular lo que recibe. Si realizamos un entrenamiento, aunque en un principio, suframos de ese “contagio indeseado”, en una segunda fase podremos optar por no entrar en la espiral de esas emociones, por no recrearnos y abundar en ellas. Lograremos evitar el drama si apelamos a nuestra autoestima y consideración hacia los otros, que no siempre pueden tener razón y que proyectan determinados aspectos de su mundo personal, miedos, experiencias, etc. sobre nosotros, del mismo modo que hacemos nosotros con ellos. En conclusión, NO PUEDES CONTROLAR AL OFENSOR, PERO SILA OFENSA.