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Aumentan los Casos de Transtornos en los niños de España

“AUMENTAN LOS CASOS DE TRASTORNOS DEPRESIVOS EN LOS NIÑOS DE ESPAÑA…. LA CRISIS TAMBIÉN LES AFECTA”

 

Es bien sabido, que el efecto de la presente recesión económica y financiera en España correlaciona con el considerable aumento de enfermedades mentales en su población adulta. La pérdida masiva de empleo, prestaciones sociales agotadas, familias desahuciadas… y un largo etcétera, provocan que se incrementen las patologías mentales en la población (siendo incluso el suicidio la primera causa de muerte violenta en España, superando los accidentes de tráfico). Ahora bien, ¿Cómo les afecta, la terrible situación económica y la desesperanza que se está viviendo en numerosos hogares españoles, a nuestros menores? El impacto de la crisis se refleja en los diferentes ámbitos de la vida del niño: salud, educación, vivienda, alimentación y ambiente familiar. Centrándonos en cada punto, se puede destacar lo siguiente: 1) Salud. Las familias se encuentran con severas dificultades para poder afrontar gastos de tratamientos médicos y/o psicológicos no incluidos en el sistema público. 2) Educación. Hay familias que no pueden costear el comedor escolar, ni los gastos correspondientes a material, ropa, etc. 3) Vivienda. Cada vez se producen más desahucios donde el menor se enfrenta a tener que trasladarse de ciudad o país, provocando incluso hacinamiento y/o degradación del entorno físico. 4) Alimentación. Está más que comprobado y anunciado que somos testigos de la malnutrición que están padeciendo numerosos menores en España. Y, por último, nuestros niños son observadores directos y protagonistas del estrés y la presión que viven los padres o tutores, por no poder afrontar los gastos de las necesidades primarias, ya descritas.  En consecuencia, tras este cumulo de arduas situaciones, es totalmente lógico y comprensible que nuestros menores también padezcan en primera persona trastornos psicológicos en semejanza que los adultos. No hay que olvidar, el dicho popular de que “los niños son esponjas del entorno”.

 

El aumento del número de Trastornos Depresivos en niños, es la primera causa de visitas al especialista. Por ello, nos vamos a detener en esta patología. La Depresión es un Trastorno del ánimo, caracterizada a grandes rasgos como la perdida de interés y disfrute de actividades habituales, alteraciones del apetito, insomnio o sueño excesivo, nerviosismo o apatía. Además, de las causas del entorno familiar (pobreza, desahucio, paro, etc.) cabe señalar, que existe mayor riesgo en niños que posean  un familiar cercano con esta enfermedad u otros Trastornos del ánimo. Se cree que el origen para estos casos, puede ser genético. De hecho en familias donde varios miembros han padecido o padecen esta enfermedad, se hereda en las nuevas generaciones con un descenso en el funcionamiento de las sustancias que actúan en el Cerebro como transmisoras de señales (Noradrenalina y Serotonina).  En este sentido, la Sintomatología de alerta para detectarse en el menor un Trastorno Depresivo, varia con la edad. A continuación, se nombraran las características en función de las distintas etapas de desarrollo del menor.  En niños menores de 1 año: En un principio, buscará entre todos los adultos a su cuidador, rechazándolos. Se mostrará apático, llorará en silencio mirando al vacio y cuando se le coja en brazos para consolarle, continuará sollozando pero no se consolará (debe aparecer de modo permanente, con un marcado trastorno del sueño y la alimentación. Se deberán descartar otras patologías, mediante un exhaustivo diagnostico diferencial, por parte del especialista).  En los casos de niños más mayores (a partir, del año de edad y antes de los 3 años): presentan llanto fácil, irritabilidad, abandono de actividades que antes le gustaban, trastornos de la alimentación y del sueño. Muchos presentan episodios de temor o agobio injustificado y/o alteraciones de la conducta (rebeldía, agresividad). En niños de Edad Preescolar (de 3 a 6 años): rechazo del juego, agitación, timidez, rabietas, encopresis, insomnio, hiperactividad, dificultades para alimentarse. En niños de edad escolar (de 6 a 11 años): irritabilidad, inseguridad, dificultades en el aprendizaje, onicofagia y terrores nocturnos. En niños Preadolescentes y adolescentes (de 11 a 16 años): rumiación, impulsos suicidas, abatimiento, sentimientos de inferioridad y opresión.  Durante la infancia predominan las manifestaciones psicofisiológicas y motoras. En niños más mayores, adquieren mayor trascendencia las manifestaciones cognitivas. También existen diferencias significativas en función del sexo. En el caso, de las niñas son más frecuentes los síntomas como ansiedad, dificultad para el contacto social, conformismo, mutismo, agresividad, rabietas, enuresis y compulsión alimentaria. En los niños, es más usual: el llanto inmotivado, alteraciones del sueño, onicofagia y dificultades escolares. Importante, en este apartado, señalar que los síntomas en el niño suelen desarrollarse lentamente a lo largo de los días, pero a veces pueden desencadenarse precipitados por un acontecimiento grave (muerte de un familiar querido, problemas económicos severos en la familia, separación de los padres, etc.). Lo más habitual es que sin el tratamiento de un especialista, los episodios depresivos duren unos 6 meses, incluso llegando a persistir de 2 a 3 años.  Los niños que ya hayan sufrido un episodio de depresión, pueden volver a repetirlo, con más frecuencia en los 2 años posteriores al primer episodio.  Por tanto, estas señales, a grandes rasgos, pueden ser indicativas de un problema subyacente en el menor. Sin embargo,  la cuestión a plantear es, ¿CUÁNDO DEBEN LOS PADRES, LLEVAR EL NIÑO A LA CONSULTA? Es frecuente y razonable, que ante un hecho negativo el niño reaccione entristeciéndose, pero estos síntomas deben ser transitorios, e ir desapareciendo a lo largo de los días. Pero cuando se mantienen en el tiempo (si ya pasan de las 4 semanas, aproximadamente), acompañado marcadamente de otros síntomas importantes como apatía, trastorno en la alimentación o del sueño, es entonces cuando se debe acudir urgentemente al especialista.

 

Autora: Maribel García. Psicóloga, Especialista en Clínica.